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Luis Guillermo Eichhorn
Por la gracia de Dios y de la Santa Sede Apostólica, Obispo de Morón
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CARTA PASTORAL A LA IGLESIA DIOCESANA DE MORÓN
CON MOTIVO DE LA CELEBRACIÓN JUBILAR DE SU CINCUENTENARIO
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Yo soy la vid, ustedes los sarmientos.
El que permanece en mí, y yo en él, da mucho fruto, porque separados de mí nada pueden hacer (…).
La gloria de mi Padre consiste en que ustedes den fruto abundante, y así sean mis discípulos (…).
No son ustedes los que me eligieron a mí, sino yo el que los elegí a ustedes, y los destiné para que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero.
Así todo lo que pidan al Padre en mi nombre, él se lo concederá.
Lo que yo les mando es que se amen los unos a los otros”
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En el Año Jubilar, emprender un camino
renovado.
¡Qué bella página del Evangelio! En el espíritu de este Año
Jubilar Diocesano, deberíamos todos, personal y
comunitariamente, detenernos en este capítulo 15 del evangelio
de san Juan, del cual he extraído algunas frases significativas.
Hacer una verdadera lectura orante de este texto,
abriendo el oído y el corazón, para que así, el Espíritu Santo
nos mueva a asumir la tarea grande que tenemos por delante.
Decíamos que el Año Jubilar, además de ser un momento de memoria
agradecida, es un tiempo (un verdadero kairos) de
renovación para continuar juntos la tarea. Renovación en
nuestra misma vida espiritual, renovación en nuestras
comunidades, renovación en el espíritu que nos anima, renovación
en nuestra praxis pastoral. Continuar, que significa retomar el
camino recorrido, aprovechando todo lo bueno que nos ha regalado
Dios, corrigiendo aquello en lo cual nos hemos equivocado y
proyectándonos hacia delante, firmes y alegres en la esperanza;
es también asumir las nuevos desafíos y tareas que el mundo, el
hombre, la sociedad y la misma Iglesia nos plantean hoy como
necesarias respuestas a la situación actual.
Este continuar juntos indica también que no estamos empezando de
nuevo, ni se trata tampoco de hacer un corte, una ruptura con
nuestra historia: esta Iglesia Particular de Morón, con sus
cincuenta años de vida, está llena de vida, de pujanza, de
valores, de emprendimientos, que son fruto de una vida cristiana
auténtica y fecunda, y de un intenso y fecundo trabajo pastoral:
¡Ha habido y hay mucha santidad en nuestro pueblo!
Ante los desafíos de la realidad que vivimos, una pastoral
orgánica planificada.
La sociedad en que vivimos nos presenta varios desafíos.
El documento del episcopado argentino Navega Mar Adentro nos los
describe en su segundo capítulo. Vemos los signos de la
presencia de Dios, apreciamos la búsqueda de Dios por parte
de nuestra gente sencilla, hay necesidad de vínculos y comunión
fraterna, hay expresiones genuinas de religiosidad. En nuestra
situación concreta en el conurbano bonaerense aparecen también
signos preocupantes; los desafíos parecen agudizarse. La
realidad urbana con su peculiar cultura, que amalgama la
realidad plural de todo el país con sus riquezas y pobrezas,
cultura que muchas veces es alienante, materialista,
individualista, la ruptura de vínculos, la crisis de las
familias, la inequidad social y la pobreza y la marginación,
unida a un descreimiento que crece cada vez más; una Iglesia que
sufre por la escasez de vocaciones y la falta de sacerdotes,
comunidades que no logran superar el 4% de participación de los
bautizados en la Misa dominical, un cierto agobio pastoral ante
la ingente tarea, nos urgen a un replanteo a fondo de nuestra
pastoral. Es necesario y cada vez más urgente, por parte de
nuestra Iglesia, una respuesta pastoral a todas estas
realidades. Es imprescindible una renovación y actualización
tanto de nuestras mismas comunidades como de nuestras prácticas
pastorales (Cf. LPNE. 43-44; NMA. 72). La Iglesia para esto nos
está dando preciosos lineamientos y orientaciones para esto.
Debemos ponernos ya en camino.
Una convocatoria a todo el Pueblo de Dios.
La respuesta adecuada a estos desafíos es la de una pastoral
orgánica planificada (Cf. Puebla, 1306-1307). Dice Navega
Mar Adentro: “Para adelantar en este camino de comunión
eclesial, es imprescindible una sabia planificación y
programación pastoral que sume, integre y brinde orientación
coherente a tantos esfuerzos que se vienen realizando en las
diócesis del país (…). Así, mediante una creativa renovación de
la pastoral ordinaria, la Iglesia en la Argentina estará
ofreciendo un invalorable servicio a la patria: el testimonio de
la comunión con la Trinidad a la que todos estamos llamados”
(Nº 87). La finalidad de esta Carta Pastoral es precisamente
invitar a todo el Pueblo de Dios a ponernos en marcha. Es
convocar a los sacerdotes, los diáconos, los religiosos y
religiosas, los consagrados, los laicos, a todas la comunidades,
equipos, movimientos, etc., para comenzar la elaboración y
puesta en marcha de un proyecto orgánico de pastoral en nuestra
Diócesis.
Para esto, contamos ya con algunos elementos valiosos:
• Conocemos nuestra realidad (la hemos analizado
reiteradamente, tanto en encuestas como en deliberaciones en los
Encuentros del Pueblo de Dios y otros eventos. Este material es
tenido en cuenta); aún así, este conocimiento nunca será
suficiente ni acabado: siempre, como actitud propia de todo
agente pastoral, tenemos que mirar al hombre y al mundo en que
vivimos; pero una mirada cristiana, hecha desde el Evangelio,
desde nuestra fe; mirar el mundo con los ojos misericordiosos
del Padre, con los ojos y el corazón de Cristo: “lo miró con
amor…” (Mc. 10,21), una mirada llena de la luz y del amor que
nos da el Espíritu Santo: es una mirada pastoral. En especial,
debemos mirar la cultura propia de nuestro hombre o mujer que
convive con nosotros. Sus ideales y anhelos, sus criterios de
acción, sus valores, etc. Esta realidad debe estar siempre
presente a la hora de decidir nuestras tareas.
• Nuestra acción pastoral parte de un planteo hecho desde
nuestra fe cristiana. Es el marco doctrinal, que nos
indica el núcleo y las ideas fundamentales que orientarán
nuestra tarea, así como el modelo eclesial que se deriva
de él, y del cual depende en gran parte el testimonio y el
anuncio que hagamos del Evangelio. Aquí es donde nos nutrimos de
los documentos de la Iglesia. Desde el día que asumí como obispo
en esta Diócesis, fui dando líneas y orientaciones, tanto para
la Iglesia Diocesana en general como para las diversas áreas
pastorales. En todas hay ciertos elementos comunes que van
conformando un núcleo doctrinal que resulta imprescindible. El
documento Navega Mar Adentro será el hilo conductor de todo este
proyecto, atendiendo ahora, en manera especial, las conclusiones
de la V ª Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en
Aparecida.
• El designio salvífico de Dios Padre, que quiere que todos
los hombres se salven: de ahí nuestra preocupación por
evangelizar, de hacer que el anuncio de Jesucristo llegue a
todos los rincones de nuestra Diócesis, a cada hombre, a cada
familia (Cf. NMA. 1 y 70); el hombre tiene necesidad de Dios y
lo busca (NMA. 29 , sigs.). Por otra parte, sabemos que la
iniciativa y la acción es de Dios; Él actúa a través de la
ministerialidad de la Iglesia. Esta dimensión mística del
trabajo pastoral debe estar continuamente presente entre
nosotros: “Yo estoy con ustedes…” (Mt. 28, 20).
• La tarea evangelizadora, por lo tanto, nos lleva a
fortalecer especialmente el primer momento misionero (kerigmático)
y el consecuente proceso catequético de maduración de la
fe (la iniciación cristiana) y el tiempo del discipulado,
como momento de integración en la comunidad y del compromiso
apostólico. Esta tarea no deberá restringirse a los hermanos
alejados de la vida y comunidad cristiana, sino que habrá que
atender especialmente a los procesos de renovación de la vida de
fe de nuestros propios agentes pastorales: la Iglesia , para
evangelizar, necesita a su vez ser evangelizada (Cf. Evangelio
Nuntiandi, 15).
• La necesidad de asumir con todas sus consecuencias una
eclesiología de comunión, núcleo medular del Concilio
Vaticano II, encarnando, como nos lo pidió Juan Pablo IIº en NMI,
una espiritualidad de comunión (Cf. NMI. 42-44); y esto
no sólo para fortalecer nuestra vida cristiana, sino como
respuesta y oferta –creíble y posible porque la vivimos- al
mundo de hoy “necesitado de comunión” (Cf. NMA. 45 y sigs.). Al
respecto, NMA al señalar las “acciones destacadas” (cap. 5ª),
nos habla de “hacer de la Iglesia casa y escuela de comunión” (NMA.
83-89).
• Es imposible pensar en estos núcleos sin una sincera
conversión, sin una vida espiritual profunda, renovada. No
hay acción pastoral que no surja, como un manantial, de una
fuerte y profunda espiritualidad. Por tal motivo inicié esta
Carta con la cita del evangelio de Juan en su capítulo 15º.
Es que sin Cristo nada podemos. Y a Él lo encontramos y a Él
nos unimos en la Eucaristía. Nuestra Iglesia diocesana encuentra
en la Eucaristía su fundamento: “ la Eucaristía hace la
Iglesia …”. Es fuente y cumbre de la vida y de la actividad
de la Iglesia. Centro de la vida personal y comunitaria, en ella
debemos encontrar la fuerza para el testimonio de vida, para la
evangelización, para construir verdaderas comunidades fraternas,
acogedoras, misioneras (Cf. NMA. 50. 83-89). La Eucaristía
dominical deberá ser el momento culminante en la vida de todas
nuestras comunidades. Ahí se construye la comunidad. La
Eucaristía , a la vez que es celebración del Misterio Pascual de
Cristo, momento de comunión con Él y entre nosotros, nos impulsa
a ser testigos, misioneros: es fuente de nuestra acción
pastoral.
• Esta acción pastoral, precisamente por la participación en el
misterio Eucarístico, se abre a la realidad que nos circunda.
Miramos así las necesidades del mundo que nos rodea y del cual
somos parte. Especialmente, miramos a nuestros hermanos que
sufren: enfermos, pobres, necesitados, marginados, víctimas de
la violencia, de la droga y del hedonismo reinante. Y hacia
ellos, como el buen samaritano tendemos una mano solidaria,
fraterna; compartir con ellos lo nuestro, especialmente
nuestra fe en Jesús. Tenemos que sentirnos responsables en el
construir entre todos una sociedad más justa, más fraterna,
donde todos podamos vivir con la dignidad propia de los hijos de
Dios.
Un itinerario pastoral.
De estos dos elementos (marco de la realidad y el marco
doctrinal) es desde donde empezamos a caminar. De ahí la
necesidad de que todas nuestras comunidades (parroquias,
instituciones educativas, equipos de diversas áreas pastorales,
movimientos, etc.) comiencen a trabajar. Un plan orgánico de
pastoral siempre empieza desde la base, buscando la mayor
participación posible de los fieles (no quedarnos encerrados
en un pequeño grupo de agentes pastorales o un entorno de
personas afines).
El camino consta de diversos niveles y momentos: nivel
parroquial o de base, nivel decanal y nivel diocesano. Los
momentos (en cada nivel) son de estudio, deliberación,
propuesta, y consenso en un encuentro comunitario.
En estos días se entregará el material para el trabajo. Es el
primer paso del itinerario pastoral que comenzamos, el cual
consiste, en una ENCUESTA que intenta facilitar el
trabajo en las comunidades para realizar el análisis de la
realidad, estudiar el marco doctrinal, hacer la valoración y el
diagnóstico pastoral y lograr el consenso en las propuestas de
acción y objetivos a alcanzar. Es un momento pedagógico
importante para toda la comunidad que no debe ser
desaprovechado.
La finalidad de la encuesta es ver y valorar la
realidad que tenemos, el camino ya hecho, verificar
la recepción que ha habido de los documentos que hacen al marco
doctrinal, iluminar desde ellos la realidad y la
tarea pastoral fundamentando así la misma desde nuestra fe, y
proyectarnos hacia delante con propuestas que sean
verdaderas respuestas a las necesidades que nos plantea la
realidad (objetivos y proyectos pastorales).
El material contiene todas las indicaciones necesarias para
facilitar el trabajo en las comunidades; debemos asumirlo con
entusiasmo, buscando profundizar en los diversos temas,
tomándonos el tiempo necesario (el tiempo está pautado en el
material que se entrega).
Solicito al Consejo Presbiteral y al Consejo Pastoral
Diocesano, la animación, el acompañamiento y eventual
asesoramiento, para que este itinerario se vaya realizando
eficazmente. Toda la coordinación, dirección y ejecución del
proceso de planificación será asumido por el Consejo Pastoral
Diocesano.
En este camino que emprendemos, invoco especialmente a Nuestra
Señora, la Inmaculada Concepción del Buen Viaje. Que ella nos
acompañe con su bendición e intercesión, para que seamos fieles
a lo que el Señor y la Iglesia hoy nos piden. Que seamos
generosos en nuestra entrega y que el Espíritu Santo haga
fecunda nuestra labor.
Mi bendición para todos.
Morón, 10 de junio de 2007, Fiesta del Santísimo Cuerpo y Sangre
de Cristo.
+ Luis Guillermo Eichhorn
Obispo de Morón
| Nuestra Sra
del Buen Viaje, ruega por nosotros |
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