Un tema dificil con los niños

Tomado del Libro "Temas Dificiles con los Niños" - Autor: Luis M. Benavides - Edit. Bonum - 2001

El Sufrimiento y la Muerte

"Al mismo tiempo que el niño pequeño comienza a decir ´yo´cuando habla de si mismo, va paulatinamente haciendo experiencias cada vez más claras de la más importante condición fundamental de la vida humana, la que nuestro ser es limitado y finito, ligado a un tiempo determinado y un espacio concreto.
Por primera vez emergen en forma infantil las preguntas y los miedos que mueven a los hombres cuando se ven abocados a la finitud de su vida y a la amenaza que perciben de ella. Y con ellos comienza un debate interno que continuará como tema de fondo a lo largo de la vida del hombre adulto hasta su último suspirro: el debate de la aceptación de la muerte y de la finitud de nuestra vida.
También los niños experimentan ese miedo y en sus preguntas y fantasías sobre la vida y la muerte buscan el coraje de una fe que les haga posible afirmar la vida en plenitud."
Reinmanr Tschirch ("Dios para Niños" Ed. Sal Terrae - 1981)
Es muy probable que los niños no perciban la magnitud y profundidad del hecho de la finitud de la vida, pero sí perciben claramente que la muerte es un hecho serio, real y definitivo. Aunque muchas veces se evitan los diálogos sobre estos temas, los pequeños van captando la atmósfera de desasosiego y de temor, de tristeza y de desesperación que acompaña estos diálogos.
Querámoslo o no, el niño va haciendo paulatinamente un acopio de experiencias que, de modo cada vez más ineludible, lo enfrenta con el hecho fundamental de nuestra existencia en el mundo: que la vida del ser humano es una vida finita y limitada.
El planteo de la muerte constituye un estadio del desarrollo anímico de los niños; les preocupa aun cuando aparentemente se los haya mantenido alejados de toda vivencia directa de la muerte. Por ello, intentar ocultar y minimizar el hecho de la muerte y sus consecuencias es un error.
Cuánto más se difieran las conversaciones con los niños acerca de las realidades de nuestra vida, aun las más tristes y problemáticas, tanto más difícil se irá haciendo con el tiempo volver a hablar de ellas.
Silenciar y evitar son dos actitudes que no le hacen bien al niño. En algún momento se encontrará con esos acontecimientos "desagradables", con esa "seriedad" de la vida y lo hará sin la preparación y reflexión necesarias.
Todo niño, aunque acotado a la etapa de su desarrollo, participa de la experiencia humana plenamente, con toda su intensidad, esto es:
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Participa, como ser humano, del sentido del bien y del mal en su persona. Los chicos no son "angelitos".
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Tiene planteos no resueltos y movilizadores frente al dolor, el sufrimiento y la muerte.
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Ante estos planteos, cada hombre, cada niño, debe buscar y elaborar su propia y única respuesta.
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Tiene miedo y desconocimiento ante el sentido de la muerte. Necesita trascender, pero conoce el dolor y el sufrimiento.
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Sabe que la muerte es un hecho serio, real, grave y, desde un punto de vista estrictamente humano, es un hecho definitivo. No vemos sino una sola cara de la muerte, la que está vuelta hacia nosotros. Todo lo que hay o existe después de la muerte escapa a nuestra experiencia humana, salvo la aniquilación del cuerpo.
Resulta obvio que, para que padres y educadores puedan hablar y conversar sinceramente y con utilidad acerca de la muerte con los niños tienen que haber pensado y reflexionado previamente ellos mismos acerca de este condicionente de la vida. Los adultos han de reconocer su propio miedo y tomar posición frente al mismo y, a su vez, han de descubrir y conservar el coraje de vivir a pesar de la transitoriedad de la vida.
El niño intuye y vivencia claramente cuál es la actitud de los padres, de los familiares, de la maestra, de los adultos frente a la muerte.
Es bueno que el niño sepa que nosotros también sufrimos, tenemos miedo; pero que sobre el miedo tenemos esperanza y fe en el triunfo de Jesucristo sobre la muerte.

"... si Cristo no resucitó vana es nuestra fe."
(1 Cor 15,14)

¿Cómo hablar de la muerte a los niños?

Los niños nos van a sorprender con preguntas sobre la muerte. No hay recetas ni tenemos todas las respuestas. Sólo podemos tener a mano algunas orientaciones para guiarnos y ayudar a los niños a buscar sus propias respuestas.
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No hay que esperar que la muerte sorprenda al niño para justamente hablarle de ella. Es importante incluir el tema de la muerte en nuestras conversaciones, sin que por ello seamos funestos o atemoricemos constantemente a los pequeños.
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Es conveniente aprovechar algunas experiencias mediatizadoras para hablar de la muerte. Las ramas secas, las hojas que caen, la muerte de los animales - especialmente de las mascotas- pueden ser situaciones adecuadas para introducir a los niños en el tema.
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La tristeza, el enojo, la depresión, el desconcierto o la negación son sentimientos normales frente al dolor y la muerte. Permitamos a los niños expresar sus emociones, es más compartamos nuestras propias emociones con ellos.
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El niño completa con fantasías más terribles que la realidad lo que no entiende o lo que se le oculta. Es muy común comprobar que los niños inventan fantasías o imaginan cosas que nada tienen que ver con la realidad, mucho más cuando se encuentran frente a situaciones límite.
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Ser directos, francos y honestos. Los niños necesitan explicaciones veraces, cortas, sinceras y simples. No hay que abundar en detalles. Sólo hasta donde ellos preguntan.