"Miércoles de Ceniza, ayuno y oración por la paz"

¡Queridos hermanos y hermanas!
1. Desde hace meses la comunidad internacional vive con gran aprensión por el peligro de una guerra que podría turbar a toda la región de Oriente Medio y agravar las tensiones ya presentes por desgracia en este inicio de milenio. Es un deber para los creyentes, independientemente de la religión a la que pertenezcan, proclamar que nunca podremos ser felices los unos contra los otros; el futuro de la humanidad nunca podrá asegurarse con el terrorismo y la lógica de la guerra.
Nosotros, los cristianos en particular, estamos llamados a ser los centinelas de la paz, en los lugares en los que vivimos y trabajamos. Es decir, se nos pide que vigilemos para que las conciencias no cedan a la tentación del egoísmo, de la mentira y de la violencia. 


2. Invito, por tanto, a todos los católicos a dedicar con particular intensidad la jornada del próximo 5 de marzo, Miércoles de Ceniza, a la oración y al ayuno por la causa de la paz, especialmente en Oriente Medio. 


Ante todo, imploremos de Dios la conversión de los corazones y la amplitud de miras en las decisiones justas para resolver con medios adecuados y pacíficos las contiendas que obstaculizan la peregrinación en nuestro tiempo. 


En todo santuario mariano se elevará hacia el Cielo una ardiente oración por la paz con el rezo del Santo Rosario. Confío que también en las parroquias y en las familias se rece el Rosario por esta gran causa de la que depende el bien de todos. 


A esta invocación común se le acompañará el ayuno, expresión de penitencia por el odio y la violencia que contaminan las relaciones humanas. Los cristianos comparten la antigua práctica del ayuno con muchos hermanos y hermanas de otras religiones, que de este modo quieren desnudarse de toda soberbia y disponerse a recibir de Dios los dones más grandes y necesarios, entre los cuales y de manera particular el de la paz. 


3. Ya desde ahora pedimos para esta iniciativa, que se enmarca en el inicio de la Cuaresma, la especial asistencia de María Santísima, Reina de la Paz. ¡Que por su intercesión pueda resonar con nueva fuerza en el mundo y encontrar concreta acogida la bienaventuranza evangélica: «Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios» (Mateo 5, 9)!
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